«Queridos hijos, estoy aquí en medio de ustedes. Veo sus corazones heridos e inquietos. Ustedes se han extraviado, hijos míos. Sus heridas del pecado se están volviendo cada vez más profundas, y los están alejando cada vez más de la auténtica verdad: buscan la esperanza y la consolación en lugares equivocados, mientras yo les estoy ofreciendo la devoción sincera que se nutre de amor, sacrificio y verdad. ¡Les doy a mi Hijo!»