«Queridos hijos, también hoy los invito a la conversión total, que es difícil para aquellos que no han elegido a Dios. Los invito, queridos hijos, a convertirse totalmente a Dios. Dios puede darles todo lo que le pidan; pero ustedes solo acuden a Él cuando llegan las enfermedades, los problemas, las dificultades, y piensan que Dios está lejos de ustedes y que no los escucha ni atiende sus oraciones. No, queridos hijos, ¡no es verdad! Si están lejos de Dios, no pueden recibir las gracias porque no las piden con fe firme. Oro por ustedes todos los días y deseo acercarlos siempre más a Dios, pero no puedo hacerlo si ustedes no lo desean. Por eso, queridos hijos, pongan su vida en las manos de Dios. Los bendigo. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!»