«Queridos hijos, pongan la Sagrada Escritura en un lugar visible en su casa y léanla. Así conocerán la oración con el corazón y sus pensamientos estarán en Dios. No olviden que son pasajeros como una flor del campo, que se ve de lejos y luego desaparece en un instante. Hijitos, dondequiera que vayan, dejen un signo de bondad y de amor, y Dios los bendecirá con la abundancia de Su bendición. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!»