«Queridos hijos, los invito al abandono total en Dios. Oren, hijitos, para que Satanás no los sacuda como ramas al viento. Sean fuertes en Dios. Deseo que a través de ustedes el mundo entero conozca al Dios de la alegría. Den testimonio con su vida del gozo divino. No estén angustiados ni preocupados. Dios les ayudará y les mostrará el camino. Deseo que amen a todos con mi amor: a buenos y malos. Solo así el amor reinará en el mundo. Hijitos, ustedes son míos. Los amo y deseo que se abandonen en mí para que los pueda conducir a Dios. Oren incesantemente para que Satanás no pueda aprovecharse de ustedes. Oren para que comprendan que son míos. Los bendigo con la bendición de la alegría. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!»